La primera consulta en el atelier suele durar poco más de una hora, pero define cómo trabajaremos el resto del proyecto. No necesitas llevar una producción completa ni una lista interminable de referencias. Basta con tres cosas: los objetos que quieres retratar, una idea clara del uso final de las imágenes y un par de ejemplos de texturas o colores que te atraigan.
Para las sesiones de fotografía gastronómica, lo más útil es traer el plato o los ingredientes tal como los servirías en casa. No hace falta que estén perfectamente emplatados; la textura real de la masa, el brillo de la fruta o la rugosidad de una tabla de madera nos dan más información que cualquier foto de referencia. Si trabajamos con acuarela o ilustración, trae los objetos cotidianos que quieras dibujar: una taza de cerámica, un paño de lino, una cebolla con su piel.
También conviene pensar en el destino de las piezas. Una imagen para un menú impreso pide una composición distinta a la que se usará en redes sociales o en un catálogo artesanal. Anota dónde se publicará cada foto o ilustración, porque eso define el encuadre, la paleta y el nivel de detalle que trabajaremos en la sesión.
Si tienes dudas sobre luz o color, escríbelas antes de venir. Muchas veces la pregunta más simple —por qué una sombra se ve azulada o cómo evitar que el verde olivo se apague— es la que abre el ejercicio más interesante. Durante la consulta haremos una prueba rápida de iluminación con tus objetos y ajustaremos la dirección de la luz según el volumen que quieras resaltar.
Al final de la sesión tendrás un plan concreto: qué materiales preparar, qué ángulos exploraremos y cuántas tomas o bocetos podemos lograr en el tiempo disponible. Si prefieres leer antes sobre el formato de trabajo, puedes revisar la siguiente entrada del blog o escribirnos directamente para resolver dudas puntuales.